IX Carta a X

Too soon to tell
too soon to see


9
Ya estuvo bien. ¿Nos cansamos de pensarnos? ¿Nos cansamos de fingir? No estás en la puerta.
No en la mía. Y está bien.

No, a veces no está bien.
Y está bien que a veces no esté bien.

Me hice tantas preguntas, y luego vi este blanco que se ve encima de estas letras: hay tan poco que decir. Pero hay que decir lo poco. Como ayer, que caminaba distraída por calles desconocidas y me topé con un aviso pequeño de un bar. Era ese bar. En el momento que vi el aviso sentí como se revolvieron los sentimientos dentro de mi estómago y en mi pecho. La verdad no pensé que fuera para tanto, es decir, yo sabía que el bar andaba por allí en alguna callesita, y me tenía sin cuidado.

Pero a veces subestimamos nuestros sentimientos y esas puertas que tenemos cerradas con llave en nuestras mentes necesitan abrirse. Tal vez ocupen mucho espacio y pesen toneladas y no lo sabemos.

Lentamente, como un cachorro que fue descubierto o una flor que busca el sol, fui mirando, ahora con otros ojos (los ojos de quien se ha dado cuenta de que no está en un lugar, sino en ese lugar), alrededor del letrero, la puerta, las baldosas, el local del lado. En mi cabeza chequeaba todo: sí, exactamente así era, sí, acá fue, así lo vi todo.

Creo que los humanos inventamos los objetos para recordar. El árbol salió solo, pero la baldosa la pusieron allí, con ese diseño entre mil baldosas, y la recordamos como se recuerda a un viejo amigo o a una vieja canción. Sus colores, su desgaste de los años, lo rota que está.

Lo rotos que estamos.

amén.





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