XI Carta a X

Perdón si estoy de nuevo acá
pensé que habías preguntado por mí


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Indistinguibles unas de otras, voy dejando las cartas acá. No están encima de ninguna mesa porque el espacio conceptual de vos y yo está vacío. No tenemos mesas, tenemos de pronto alguna flor sin florero. Quisiera decir que no es un girasol, pero sí, es un girasol. Nada le podemos hacer. Hay mucho polvo y el polvo va a terminar por reventar las letras de cada carta y a hacer que caigan los pétalos y las hojitas del tallo del girasol.

Pero por más polvo que haya, el lugar invisible no desaparece. Tampoco espera ser ocupado de nuevo. No es ni de vos ni mío. Pero al parecer me hice cargo yo de este espacio y ahora no sé qué hacer con él. Cuando intento barrerlo solo levanto más polvo y termina llenando mis ojos de lárgimas. Y si lo dejo abandonado (como vos), comienza a pesarme. Y mis ganas de decirte que te hagas cargo son igual de grandes y pesadas que una partícula de ese polvo.

Negras partículas atraviesan un rayito de luz

ahora ese rayito entra solo, no está tu cara para recibirlo.

Ha pasado tanto tiempo. Una pared blanca te reemplaza. Yo me imagino historias con mi silueta y la luz que cambia día a día. Estoy bien. Estoy mejor que vos, al parecer. La última vez te noté cansado, ¿estás cansado? Yo, por ejemplo, estoy cansada de proyectarme en la mirada de quien quiero, como la tuya.

En un espacio invisible
existes
con polvo, con un girasol
y yo no sé cómo dejar ir todo esto
que me ocupa las manos
no tengo dónde colocar mis sentimientos
o todas las palabras que quise decirte
Ahora eres como un tren que partió
y yo soy una foránea, llena de equipaje
que solo visitaba un día la estación

amén

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