Falso manifiesto

El día de mañana podrán recordarme por varias cosas:
Una. Me acompaña una sensación constante de irrealidad. Entiendo, en lo más profundo que tengo, que soy tan poco real como pueda llegar a pensarlo. Así, lo pienso un montón: soy irreal. Pero todo es irreal. Todo. Entonces sé que como todo es tan irreal como yo, yo puedo ser tan real como todo.
Dos. Me cuesta no modificar todos los hechos de mi vida. No niego que miento constantemente, simplemente no puedo no hacerlo. Mi vida es mi película. Mi oficio es el de editora. Cargo con el peso de la eterna modificación de la realidad. Corto todo por donde se me da la puta gana. Y no pienso pedir perdón.
Tres. No he decidido si le temo a la muerte o la quiero para mí. Algunos días se me pone negra la cabeza de pensar que dejaré este mundo tarde o temprano. Los paisajes infinitos, las expresiones de la gente que anda por las calles, la música que revuelca los sótanos de mi memoria. Todo es tan hermoso y me dolería tanto dejarlo. Pero al mismo tiempo encuentro una relación casi perfecta entre la muerte y lo hermoso. La muerte es paz, después de todo. Vivir es el caos, es estar en constante conflicto con todo. Lo veo así: observar los paisajes y las personas, escuchar música o leer un gran poema son cosas que me dan paz, inmensa paz. En esos pequeños momentos siento que podría quedarme en ese estado de paz toda una eternidad, que me puedo morir. Entonces sí, también espero morirme, espero morirme con la ilusión de encontrar arte tal vez en otro universo muy lejos de acá.
Cuatro. Me quiero conocer profundamente. Me sorprendo a mí misma cada día. Hablo conmigo, hablo tanto conmigo. No me molesta estar desconectada, no me importan las horas que gaste viendo cómo luce mi piel al sol o escuchando mi voz que me lee en voz alta. En las noches, cuando no hay nadie más en casa, me cuento historias, a veces me cuento mis propias historias, a veces me leo y descubro nuevas facetas que no conocía.
Por ejemplo, estas cuatro cosas no las sabía yo de mí, y hace media hora no tenía la más mínima idea de las razones por las que me recordarán más adelante. Tal vez porque nadie lo hará, solo yo, yo que no estaré cuando no esté para recordarme.

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